miércoles, 25 de diciembre de 2019

# cuento # cuento corto

El elfo más veloz


© 2019 Rocío Cumplido #cuentosNavidad #cuentosinfantiles #rimas #poemas

El elfo más veloz

Lejos, muy lejos,
donde siempre es Navidad.

Hay una aldea llena de magia.

Allí, todo puede pasar.

Las luces de las casas,
poco a poco se van apagando.

Los elfos al fin descansan.

Ha sido un año de duro trabajo.

Y es que aunque las cartas no llegan,
hasta que Septiembre dice adiós.
Ellos lo han preparado todo,
para que luego, no les cace el reloj.

Uno de ellos es Rino
y es, el elfo más veloz.

Duerme junto a la chimenea,
con un ojo abierto y el otro no.

Está a punto de entrar al mundo de los sueños,
donde una aventura lo llevará a un mundo nuevo.

Justo entonces, se abre la puerta de sopetón.

Entra un regalo volando,
rompiendo cada vaso, cuadro y jarrón.

Se ha caído del trineo de Santa
y ahora, no sabe cómo llegar a su nueva casa.

¡Piensa Rino!

¡Piensa algo rápido!

No puedes esperar a Santa,
no puedes esperar a que cada regalo esté en su casa.

En cuanto los renos vuelvan
su magia desaparecerá.

Serán renos normales,
no podrán volar hasta la próxima Navidad.

Sin perder el tiempo,
Rino se calza sus zapatos de elfo.

Coge el regalo y sale pitando,
aunque no sabe dónde está Santa,
no sabe cómo encontrarlo.

Al ver a la estrella Polar,
le pregunta donde puede estar:

“¿Has visto a un hombre rechoncho?”

“¿Con una gran barba y un traje rojo?”

La estrella le dice que sí,
que hace un buen rato pasó por allí.

“Le vi irse hacia el Norte,
hacia donde acaba la nieve y empieza el bosque.”

Rino corre y corre,
no para hasta que llega al bosque.

“¡Santa!”
“¡Santa!”
“¿Dónde estás?”
“¡No te escondas!”
“¡No es hora de jugar!”

Pero Santa no contesta,
porque allí ya no está.

“Se ha marchado hacia el Este.”

Le dice un búho de repente.

“Se ha ido hacía donde termina la tierra y comienza el mar,
hacía donde las olas chocan con más intensidad.”

Rino corre y corre de nuevo,
corre más rápido que el viento.

Pero igual que antes,
Santa no está en ningún lugar.

¡Y Rino no sabe nadar!

“¿Cómo voy a cruzar el mar?”

Entonces una gaviota se ofrece a llevarlo:

“Te llevaré volando,
así lo alcanzarás más rápido”.

Juntos sobrevuelan muchas ciudades, pueblos y aldeas;
pero el trineo siempre les lleva la delantera.

Y justo cuando está a punto de rendirse,
Rino escucha un “¡HO, HO, HO!”

“¡Vuela gaviota!”
“¡Vuela!”
“¡El trineo está muy cerca!”

Cuando están cerca del trineo,
Rino lanza el regalo dentro:

Sin embargo,
antes de que caiga en el saco,
el trineo gira de repente hacia otro lado.

El regalo cae y cae.
Cae por el hueco de una chimenea,
donde un anciano duerme,
sujetando en su mano fotos viejas.

El anciano está solo en esta fecha tan especial,
e igual que el año anterior,
nadie le deseará Feliz Navidad.

Al despertar y ver el regalo,
sabe que Santa se ha equivocado.

Lo coge y  en él descubre una etiqueta,
donde se puede leer el nombre del niño,
esta escrito entre dibujos de estrellas.

Rino oculto detrás de una maceta,
ve como el anciano sale de su casa,
llevando entre sus manos la pequeña caja.

“¿Qué va hacer con el regalo?”

Se pregunta asustado.

“¡Espero que no se le ocurra hacer algo malo!”

Pero nada más lejos de la realidad…

Dos casas más allá,
si giras a la derecha,
y andas un poco más,
verás al anciano llamar a una puerta.

En el portal aparece un hombre con su hijo.

El niño se esconde detrás de las piernas de su padre.

No le gustan los desconocidos.

El anciano con una sonrisa
le entrega el regalo,
le explica que el despistado de Santa lo había extraviado.

El niño suelta el regalo y abraza al anciano.

Lo había buscado por todo el árbol;
y ya pensaba que no iba a encontrarlo.

Como agradecimiento el padre le invita a pasar
y estuvieron todo el día juntos,
contando cuentos de Navidad.

Rino vuelve a la aldea feliz,
y no solo porque el regalo esté en su nuevo hogar.

Es porque ha descubierto,
que la auténtica magia,
está escondida en los pequeños actos de bondad.


FIN

Pixabay


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