Traductor / Translate

martes, 18 de septiembre de 2012

El ratón de biblioteca


Por el día, en la biblioteca de Palma del Río, todo es alboroto. Ana, la bibliotecaria, es la mujer más dulce del mundo y, con una sonrisa siempre en su rostro, va de acá para allá recogiendo y poniendo cada libro en su lugar. Ana acaba el día agotada; pero en su rostro sigue esa sonrisa enmarcada. Apaga las luces, cierra la puerta y se va; pero ahora empieza lo divertido de verdad. Ya que por la noche la biblioteca infantil de Palma del Río se convierte en un mágico lugar donde todo puede pasar.

— ¡Venga. Despertad, perezosos!—dice Bombín, golpeando con su bastón los libros. Bombín es un viejo ratón andaluz, nacido en la vega del Guadalquivir, cuya función es la de cuidar y restaurar todos los libros de la biblioteca de esta ciudad.


— ¡Arriba todo el mundo! ¡Que no lo tenga que repetir más!—exclama Bombín mientras salta de una estantería a la otra con mucha agilidad a sus sesenta años de edad.

— ¡Bella Durmiente, despierta ya! O la próxima vez que una niña derrame patatas alioli en la última página de tu cuento, lo dejaré tal cual, para que cuando tu príncipe te bese, te huela el aliento y contigo ya no se quiera casar.

Todos los personajes de los cuentos de hadas salen obedientes, para que el ratón Bombín pueda arreglar los destrozos que han hecho los niños en sus libros. Mientras el viejo ratón realiza su ajetreada labor, los personajes de los cuentos se reúnen en las mesas de la biblioteca para jugar y charlar, pues a muchos de ellos hacía tiempo que no se les veía el pelo por aquel lugar:

Enlazada desde Google


— ¡Vaya, Caperucita! ¡Cuánto tiempo! ¡Ya hay que preguntar hasta por la salud! Pero… ¿por qué llevas la caperuza tan rajada y arrugada?—pregunta uno de los tres cerditos con curiosidad.

—Pues porque el niño que me llevó a su casa arrancó una de las páginas ¡y el lobo por poco me alcanza!

—Lo siento mucho, chiquilla. Esas cosas pasan—dice el cerdito intentando consolarla.

Esa noche, el ratón Bombín trabajó tanto, que al día siguiente despertó enfermo y agotado.

Todos los personajes corren a reunirse en la casa del ratón, la cual se encuentra debajo de las estanterías de color rosa, y mientras el hada madrina de Cenicienta cuida del enfermo roedor, los demás comienzan a hablar para averiguar cómo se las arreglarán:

—Pues yo necesito que alguien arregle mi libro—dice la sirenita desesperada.—¡Está tan destrozado, que hasta los peces empiezan a caerse por los lados!

Todos se estrujan los sesos sin excepción; pero ninguno parece saber como arreglar semejante problemón. Hasta que el hada Campanilla salta echando chispas porque cree haber encontrado la solución:

—Los niños, de ahora en adelante, no destrozarán los libros—afirma el hadita muy convencida.

—¿Y cómo piensas conseguir que eso ocurra?—dice divertido Pepito Grillo.

—Acercaos, que os lo voy a contar, pues todos juntos tendremos que trabajar.

Todos se acercan a Campanilla y, bajito, muy, muy bajito, el hada les explica su grandioso plan.

A la mañana siguiente, Ana la bibliotecaria abre a las diez como cualquier día normal; pero ni ella misma se imagina con la sorpresa que se va a encontrar.

Los niños comienzan a entrar y corriendo se dirigen a las estanterías para elegir el libro que se van a llevar. Cuando uno de los niños abre el primer libro, se queda muy impresionado y pregunta a sus amigos si en los suyos pasa lo mismo. Todos empiezan a cuchichear tan alto que Ana tiene que llamarles la atención:

—A ver ¿se puede saber a qué viene tanto alboroto?

Uno de los niños le da a Ana un libro para que lo vea con sus propios ojos. Ana coge el libro, lo abre y lo que está escrito en la primera pagina la deja completamente pasmada:

—“Por favor, no le arranques páginas a este libro o el lobo llegará antes y me comerá”. Caperucita Roja.

Ana revisa todos los libros y en cada uno de ellos descubre una frase muy divertida pidiendo a los niños que cuiden bien de los libros.

—Vaya, ésto debe haber sido obra del ratón Bombín—dice Ana muy bajito para que nadie la pueda oír.

Días después, recuperado, el ratón Bombín vuelve a su trabajo y cuál es su sorpresa al darse cuenta de que apenas hay libros estropeados. Todos le explican lo ocurrido. El ratón les da las gracias emocionado y desde entonces los niños que van a la biblioteca infantil de Palma del Río tratan a los libros con más respeto y cuidado para que, en el futuro, sus personajes favoritos puedan seguir alimentando la imaginación de todos los niños de la ciudad.

FIN


Rocío Cumplido González 





Safe Creative #1209042288882


Este cuento fue publicado este año en la Revista Bulevar (mes de Septiembre Nº 68). Para mas información visita su web: http://www.revistabulevar.com/ 

4 comentarios:

Conchita dijo...

Muy ingenioso y divertido. Sería esupendo que esto que cuentas ocurriese de verdad.Me h gustado mucho.
Un saludo.

Elizabeth Segoviano dijo...

este cuento me encanta!!!!! yo quisiera ser como el ratón jejeje me fascina el nivel de ternura, magia e inocencia con la que escribes, FABULOSO!!! un besito nena SIGUE ESCRIBIENDO POR QUE ERES GRANDE!!!! :D

Rosa dijo...

Es la primera vez que te dejo un comentario. Quería decirte que me ha encantado el cuento y que sigas escribiendo. Un abrazo. Rosa.

Martha Molina dijo...

Me hiciste recordar una comiquita que fue hecha hace muuuuuchos años y me encanta. Son de unos pajaritos (en navidad) que ayudan a un viejo zapatero con su taller. La ayuda de los seres que menos pensamos, acuden de inmediato.

Como que encierra una moraleja, ¿no crees?

Me ha gustado tu blog. Estaré por aquí más seguido.

Saludos.

Publicar un comentario