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jueves, 18 de octubre de 2012

La princesa bailarina: I Parte



El otoño empieza a entrar por el Este, cambiándolo todo a su paso: Los árboles mudan de color, las hojas empiezan a caer, las abuelas ponen tartas de calabaza a enfriar en los alféizares de las ventanas y los niños andan enfurruñados porque las clases ya han comenzado.

— ¡Me encanta el Otoño!— voy saltando dentro de cada charco que encuentro, cosa que esta claro que no le hace mucha gracia a mi madre.

—¡Mía, sal de ahí o te ensuciarás la falda nueva!— Mi madre es muy buena; pero es que a veces se obsesiona demasiado con la limpieza.

—Mamá. Llevo unas botas Katiuska y un chubasquero. No me voy a manchar— Mi madre, visiblemente enfadada, me lanza una de esas miradas que dicen: “No me repliques, niña”. Yo, muy obediente, me salgo del charco y me pongo a su lado. (No quiero que me castiguen la noche que hay tarta de manzana de postre).




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Vamos cruzando el parque, ya que es el camino mas corto para llegar a casa de la abuela Clara. ¡Adoro a mi abuelita Clara! Es la abuela más impresionante que existe. Siempre está viajando, visitando lejanos lugares y viviendo grandes aventuras. ¡Estoy deseando ver que regalo me ha traído de su último viaje! (¡Qué esperabais! ¡Solo tengo ocho años!).

Suelto la mano de mi madre en cuanto cruzamos la vieja verja de la entrada y corro hasta la puerta para llegar a la puerta antes que ella y ser la primera en tocar el timbre. ¡Estoy tan nerviosa por volver a la abuela!

—¿Se acordará de mi? ¿O habré crecido tanto durante el verano que no sabrá quien soy? Estas preguntas bailotean en mi mente mientras espero a que la puerta se abra.

Zas… Zas… Zas.

¡Ya está aquí! El ruido de sus zapatillas de andar por casa es inconfundible y se oyen desde el otro lado de la puerta. Cada ves estoy mas nerviosa, siento mariposas en la tripa y mis pies están tan alegres que podrían ponerse a bailar.

—Para ya Mía, antes de que te vea algún vecino. — Por si no os habéis dado cuenta otra de las grandes preocupaciones de mi madre son las apariencias.

Las mariposas de mi barriga empiezan a revolotear con emoción en cuanto oigo como mi abuela gira el pomo de la puerta. Una puerta que chirría tanto cuando se abre, como cuando se cierra; ya que es más vieja que la reina de Inglaterra.
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En cuanto la puerta se abre y veo el inconfundible cabello gris azulado de mi abuela chillo emocionada. Cuando la puerta se abre por completo, rodeo con mis brazos su estrecha cintura y la abrazo con todas mis fuerzas.

— ¡Qué altas estás Mía! ¡Ya me llegas a la altura de la cintura! — La abuelita se agacha y junta su nariz con la mía para darme uno de nuestros “besos de gnomos”.

— ¿Entonces, me has echado de menos, enana?— Yo asiento con mucha intensidad, tanta; que parece que el cuello se me va a descolocar.

—Tengo una sorpresa para ti ahí dentro. — Mi abuela me guiña un ojo y yo siento que los míos hacen chiribitas con solo imaginar de qué sorpresa hablará.

Estoy deseando entrar y empezar a buscar; pero mi abuela no piensa ponérmelo fácil. Está parada en medio de la puerta y cada vez que intento pasar por uno de los lados, ella se mueve para impedirme el paso. Mi abuelita me mira divertida. Al contrario que mi madre, que nos mira con impaciencia, pues no le hacen mucha gracia nuestros juegos.

Mientras saluda a mi madre, mi abuela se descuida un segundo y separa un poco las piernas. Aprovecho al momento la oportunidad y me cuelo entre ellas para entrar en su casa y empezar a buscar.

—Mía, ten cuidado o te ensuciarás. La abuela acaba de llegar y no le habrá dado tiempo de limpiar. — Mi pobre madre suspira ofuscada, ya que sabe que cuando llego a casa de la abuela me convierto en un torbellino inquieto.

—Poneos cómodas, mientras yo traigo el té y unas pastas.

—Yo te acompaño, y así charlamos un rato. — Mi madre y mi abuela se van a la cocina. Mientras, yo me quedo en el salón, para poder buscar a mis anchas.

¿Dónde estará? Parece que esta vez la abuela Clara se ha esforzado mucho en esconder mi regalo.
He buscado debajo de la mesa, entre los cojines del sofá y hasta por debajo del viejo sillón marrón de la abuela, pero había nada de nada.

— ¿Aún no lo has encontrado?— dice mi abuela mientras entra en el salón llevando una bandeja de pasteles que ha traído de su viaje a París. Estoy un poco decepcionada por no haberlo encontrado; pero el olor de los pasteles me hace olvidar enseguida el tema del regalo. 

—Ummm. ¡Me los comería todos de una sentada!

La tarde se pasa volando siempre que estoy con mi abuela. ¡La he echado tanto de menos este verano! Ambas queremos contarnos todas las cosas que han pasado este tiempo que hemos estado separadas y no paramos de interrumpirnos la una a la otra:

—Abuelita, aprendí a nadar sin manguitos mientras estabas fuera. Tenías que haberme visto, nado tan rápido ¡que podría ganar una medalla en las próximas olimpiadas!

—Pues yo te compré un regalo increíble en una encantadora tienda de antigüedades.

—Pues yo fui un día a pescar al lago con papá y… ¿Qué has dicho? ¡Repítelo otra vez!— Estoy tan sorprendida que incluso puedo sentir como en este instante mis ojos se abren como dos platos gigantes. — ¿Dónde está? ¿En qué lugar lo has escondido?— Me levanto y me pongo a dar saltos de alegría alrededor del salón-comedor. Mi madre me mira y lanza un suspiro cansada.

—De verdad, Clara, la tienes demasiado mimada.

—¿Y qué quieres que haga? Es mi única nieta.

Cojo la mano de mi abuela y tiro de ella para que se levante; pero ella que tiene un poco más de fuerza (no mucha, que ya tiene más de sesenta años). Se suelta, agarra la mía, me acerca hasta ella para susurrarme bajito al oído:

—Mira en el escondite de los duendes verdes.— Los ojos me hacen chiribita. El escondite de los duendes verdes es como la abuelita y yo llamamos al armario que hay debajo de la escalera. Corro hasta él sin perder el tiempo, lo abro y me pongo a buscar.

Siempre me ha gustado mucho este armario porque es donde la abuelita Clara guarda sus tesoros (los recuerdos de sus viajes). Tengo que tener mucho cuidado al apartarlos, ya que algunos de ellos son frágiles y delicados.

—¿Pero qué es eso?— Un destello llama mi atención. ¡Ese debe ser el regalo! Pero el armario está muy oscuro y no puedo ver muy bien. Voy buscando sólo con la ayuda de las manos, palpando lo que hay alrededor, hasta que consigo agarrar el regalo con ambas manos: Es cuadrado, duro; pero no pesa nada de nada. ¿Una caja? Una vez que la caja ha sido rescatada de las profundidades del escondite de los duendes verdes, puedo apreciar lo que es en realidad.

— ¡Es una caja de música!

— ¿Te gusta?— Me pregunta mi abuela con una enorme sonrisa en la cara.

—Me encanta, abuelita. Muchas gracias. — Mi caja de música es realmente bonita: Es cuadrada, con espejos a los lados, remates dorados y las iniciales P.B. en la parte delantera. Estoy deseando escuchar su dulce melodía.

Al darle vueltas a la manivela se puede oír un pequeño chirrido dentro de la caja, lo que me hace pensar que es una cajita de música muy antigua. Quizás es de la época de esos “en mis tiempos” de los que suelen hablar tanto los papás.

Al levantar la tapa, una diminuta figurilla de una bailarina se levanta también. Me resulta muy curioso porque parece que la bailarina se está despertando de un largo letargo e incluso por un instante me parece verla sonreír. Cierro los ojos y sacudo la cabeza ante tan absurda idea; pero cuando los vuelvo a abrir la figura de la bailarina vuelve a tener una sonrisa normal. Yo diría que hasta un poco triste.
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La bailarina empieza a dar vueltas en su pequeño escenario y la música empieza a sonar. Es una música realmente bonita. La más bonita que he escuchado en toda mi vida. Es una melodía suave, dulce, que consigue meterse dentro de la piel hasta ponerte los vellos de punta.

- Muchas gracias abuela, eres la mejor.- Le doy un gran abrazo y beso muy fuerte en la mejilla. La abuela Clara siempre acierta con los regalos.

- Bueno Clara, muchas gracias por las pasta; pero ya es tarde y quiero llegar a casa antes de que oscurezca demasiado.

- Espera un segundo Diana (así es como se llama mi mamá) tengo un regalo mas para Mía.

-¿De verdad abuelita?- No me lo puedo creer, esto es mejor que la navidad. Mi madre resignada, vuelve a soltar su bolso y se sienta en la silla de la entrada, deseando que la abuela Clara se deje ya, de tanta sorpresita.

La abuela va hacia el aparador de la entrada, abre el primer cajón y saca de el un pequeño paquete largo y delgado
- ¿Qué es esto abuelita?
- Ábrelo y lo descubrirás.- La abuelita me entrega el pequeño paquete con delicadeza casi como si se fuese a romper. Deslizo mis dedos por el paquete, tratando de adivinar que contiene.
- Ábrelo de una vez Mia- Mi madre, impaciente no para de cruzar y descruzar las piernas.

Al tirar del papel puedo apreciar que la cubierta blanca de un libro. Tiro el papel al suelo y puedo ver que en la cubierta esta grabado en relieve el dibujo de una cajita de música. Una cajita de música que es exactamente igual a la que mi abuela me acaba de regalar. Y en la parte de arriba se puede leer el título de aquel libro: La princesa bailarina.

- Este libro es un cuento y según me dijo el anticuario al que se lo compré cuenta una increíble historia de un hechizo, una bruja malvada, una princesa y su eterno enamorado.

-¡Que bien! Tiene todo lo que me gusta en un cuento; pero abuelita…. ¿Qué tiene que ver esto con mi cajita de música?

- Lee el libro y  encontrarás todas las respuestas a tus preguntas.
- Pero eso será después de la cena, eso si, si es que llegamos a casa antes de que anochezca. Mi madre que ya había esperado suficiente, coge mi chubasquero amarillo y me ayuda a ponérmelo para poder irnos a casa. Otra vez en la entrada de la casa de la abuela, le doy un fuerte abrazo para despedirme de ella, le doy un besito de gnomo y me hace prometer que volveré pronto a visitarla para contarle si me ha gustado el cuento de la princesa bailarina.

Durante el camino de vuelta a casa voy tirando del brazo de mi madre, pues quiero llegar lo antes posible para ponerme a leer. Y al llegar a nuestro barrio, uno de los mejores de Londres, no puedo evitar echar a correr. Mi madre, ya acostumbrada a mis carreras ya ni me regaña, mientras no me baje de la acera o me caiga.
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Este barrio es muy bonito y seguro, solo hay algo que no me gusta, bueno mejor dicho alguien; La señora Miller: Una señora mayor que siempre me mira de forma extraña a través de la ventana del porche. A mis padres tampoco les gusta, por eso siempre me han dicho que me mantenga alejada de ella.
  


Al llegar a casa y abrir la puerta, el olor del café recién hecho inunda mi nariz. Mi papá está en la cocina descansando después de un día largo en la oficina. No sé muy bien en qué trabaja. Un día intentó explicármelo; pero era algo tan complicado que la cabeza empezó a darme vueltas por todos lados.

Casi sin darme cuenta llega la hora de la cena; pero no tengo mucha hambre. Solo puedo pensar en la caja de música, en su melodía y en el cuento. Tampoco puedo evitar preguntarme: —¿Por qué la figura de bailarina parece sonreír cuando suena la música?— Como deprisa y casi sin masticar para poder levantarme e irme a leer.

—Mía, recoge tu plato y lleva tu plato al fregadero.— Obedezco a mi madre, pues sé lo que podría pasar si me atrevo a rechistar: Me quedaría sin postre después de cenar. Después me acerco a mis papás para darles las buenas. A mi mamá le doy un besito en la mejilla (me encanta su perfume de vainilla) y a papá le doy un “besito de gnomo” igual que hago con la abuelita Clara.

Ya en mi cuarto, sin mayores observando y sin que nadie controle lo que hago o deshago, puedo por fin adentrarme en las paginas de este libro. El cual estoy segura encierra una historia que me va a encantar.
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La primera frase ya me parece fascinante:

Hace muchos años, en un reino ya olvidado vivía la hermosa princesa Anabella…..

Continuará…


Rocío Cumplido


Nota: Todas las Imágenes usadas han sido descargadas desde Google


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5 comentarios:

Elizabeth Segoviano dijo...

¡bueno! que maravillosa historia! ya quiero ver que sigue! la narración es impecable!!! y si, diferente de tus otros cuentos, pero ha quedado hermosa! ya quiero saber que le va a pasar a la bailarina!!!!!!! que excelente escritora eres! :D xoxo, eliz

Roro dijo...

Gracias Eliz. En este cuento quería arriesgarme con un nuevo estilo. Un estilo que me daba un poco de miedo tocar, ya que es algo mas complejo porque todo debe encajar perfectamente. Me alegra que te haya gustado. Ya veras como te sorprende la historia de la bailarina. xoxo roro

José Luís Ocaña dijo...

eso eso! la continuación!!
genial!

Angelito dijo...

Rociooo no nos tengas con esa intriga...necesitamos conocer la historiaa mua
Un besito genia literaria.

Roro dijo...

Para este finde prometido, aunque me tenga que quedar en casa sin salir, bss

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