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sábado, 6 de diciembre de 2014

Un regalo inesperado




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Quizás ya sepas que los reyes Magos vienen de oriente y que durante la noche de reyes viajan por todo el mundo repartiendo miles de regalos a todos los niños, pues no existen los niños malos, todos son buenos.

¿Pero espera un momento? ¿De donde sacan los reyes magos todos esos juguetes? ¿Crees que simplemente aparecen en tu cuarto mágicamente?

Pues ahora te voy a desvelar un secreto que a nadie le puedes contar. Siéntate y agárrate, esta sorpresa te hará caer de un traspiés.


Allá en lo mas profundo del desierto, detrás de una cumbre de arena, se esconde un taller mágico; donde un juguetero de mil años de edad, fabrica durante todo el año los juguetes que los niños aún no habéis pedido; pero con los que ya estáis soñando. Y es que este juguetero tiene en su mágico taller un árbol de navidad encantado: Cada vez que un niño o niña decide cual es el regalo que quiere para la siguiente navidad, una bola aparece en el árbol con la imagen del juguete grabado.
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Así que cada año, cuando los reyes han terminado de repartir caramelos a todos los niños de todos los pueblo: recogen los paquetes y empiezan a repartir los regalos entre todos los niños que han pedido un juguete. Después, los magos de oriente se montan en sus camellos y se alejan siguiendo a una brillante estrella, que los guiará en su viaje por todo el mundo.

Tras un largo año de duro trabajo, el juguetero se prepara para su merecido descanso: se calienta un vaso de leche con cacao, coge un plato con turrón de chocolate, mantecados y se sienta en su viejo sillón junto a la chimenea. Justo cuando esta a punto de quedarse dormido, una brillante luz le hace abrir los ojos; y al mirar hacía el árbol de navidad no puede creer lo que ve: ¡cientos de nuevas bolas han aparecido otra vez!

-¡Pero es imposible!- piensa el juguetero. -Los niños aún no han tenido tiempo de abrir sus regalos.

Cuando se acerca y coge una de las bolas, se sorprende porque no hay nada grabado, no hay ningún juguete dibujado. Entonces, las bolas empiezan a brillar y una a una las voces de cientos de niños y niñas se pueden escuchar:

  • No deseo juguetes este año, sólo deseo que mis padres encuentren un trabajo.
  • No deseo juguetes este año, sólo que mi abuelo se ponga bueno, el pobre esta muy enfermo.
  • No deseo juguetes este año, sólo poder vivir en una casa con mis padres y hermanos.

El juguetero no puede evitar emocionarse al escuchar unos deseos tan puros, nobles y bondadosos.

-¿Como podría ayudarles?- piensa. Ya que los reyes magos no irán a las casas de esos niños este año; pues ellos no han pedido ningún juguete, su realidad es muy diferente.

De repente, las bolas de navidad vuelven a brillar y de ellas salen el sonido de las risas de esos niños: risas cuando juegan con sus padres, amigos o hermanos y risas llenas ilusión al correr detrás de la cabalgata de los tres reyes Magos.

Es entonces cuando el juguetero se da cuenta de como ayudar a esos pequeñajos. Con las pocas herramientas y materiales que quedan en el taller; el juguetero fabrica cientos de palomas mensajeras. Estas palomas están echas con piezas de viejos juguetes que quedaron olvidados en el taller, porque a veces los niños deciden que quieren un regalo diferente.

Antes de lanzarlas a volar: el juguetero les ata a sus patas un regalo para esos niños. Un regalo muy especial.

Gracias a la magia de la navidad, las palomas fabricadas con juguetes echan a volar y cruzan desiertos, mares y continentes hasta que una a una llega a su destino.

La mañana de reyes; cuando los niños despiertan, encuentran a los pies de sus camas una bola de navidad. Al cogerlas, empiezan a brillar; y reflejadas en ellas los niños y niñas pueden ver las imágenes de sus padres, sus amigos, sus primos y hermanos: corriendo en bicicleta, jugando en la nieve ¡y la imagen de sus deseos cumpliéndose!
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De pronto, de la bola de navidad sale la voz del juguetero diciendo:

  • Juntos os divertiréis, juntos os reiréis y juntos vuestros deseos conseguiréis.

Felices y contentos los niños van junto a sus padres corriendo: para darles un abrazo, un beso y pasar el día jugando con ellos.

En su taller, el juguetero se recuesta de nuevo en su sillón para descansar. Feliz porque ha podido darles a esos niños y niñas un regalo que no habían pedido, con el que no pasarán las horas jugando. Un regalo inesperado: el regalo de la esperanza en un futuro mejor. Un futuro que juntos podrán conseguir. Quizás se haga esperar; pero hasta entonces pasa una Feliz Navidad con las personas que quieres, pues ellos son tu mejor juguete.


FIN
Rocío Cumplido González.











1 comentarios:

Rosa González dijo...

Preciosos primi... y muy real... Bstossss

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