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sábado, 30 de abril de 2016

Un payaso muy inquieto

          Desde que era pequeño, Clamir siempre tuvo el mismo sueño: ser el dueño de un circo muy especial, para hacer reír a todos los habitantes de cualquier pueblo o ciudad.
 
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      Durante años Clamir trabajó mucho. Ahorró todo su dinero para comprar una gran carpa, un coche de payasos, una cama elástica, las gradas para sentarse y ver el espectáculo. Todo estaba muy bien pensado, ningún detalle se le había escapado. O eso pensaba él….


          Una noche, Clamir se despertó muy alterado:
         —  ¡Esto es imposible!
— ¿Cómo ha podido suceder?
— ¿Se me ha olvidado lo más importante?
— ¡No lo puedo ni creer!

A Clamir se le había olvidado lo más importante que un circo puede necesitar: ¡no tenía animales! tampoco trapecistas, domadores o magos ¡Ni siquiera tenía payasos!

        Clamir pidió ayuda a su tío Martín. Su tío era el inventor del pueblo. Y aunque estaba algo loco y sus inventos habían causado más de un destrozo. Era a la vez, un hombre muy listo e ingenioso. Clamir y su tío trabajaron codo con codo y juntos crearon la “Extra sueños”. Una máquina enorme de pompas de jabón; de la cual podrían nacer todos los personajes de su imaginación.
 
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         Uno a uno, Clamir creó a todos los animales y artistas que trabajarían en el circo: Magos, trapecistas, un hombre bala, la mujer barbuda. Hasta elefantes y leones salieron de esa máquina tan especial. El último en aparecer fue un payaso muy particular. La mitad de su pelo era de color naranja, la otra mitad verde; y su nariz era tan roja como una manzana.

         Este payaso parecía que tenía hormiguitas en los pies. Nunca se quedaba quieto. Era capaz de hacer veinte cosas a la vez. Por ese motivo Clamir le puso de nombre Inquieto. Y la verdad es que ese nombre le iba como anillo al dedo ¡el payaso Inquieto era puro nervio!
        
     Otras veces el payaso Inquieto también se ponía muy triste sin ninguna razón: No quería jugar, ni salir a actuar y hacer reír a los demás. Se escondía para estar solo. No quería que nadie lo molestara, ni le hablara. A veces se ponía a chillar para que lo dejaran en paz.

    Todos estaban muy preocupados por el pequeño payaso: al momento estaba riendo, que al siguiente estaba llorando. Un día podía estar haciendo malabares o asustando a los patos. Te lo podías encontrar estudiando inglés y leyendo tres libros a la vez. Pero al día siguiente no hacía nada de nada. Solo se tumbaba en su cama y miraba a la pared. Horas y horas, no tenía ni ganas de comer.
 
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         Clamir pidió ayuda de nuevo a su tío Martín y juntos fueron a la consulta de un amable médico.  Necesitaban saber que le pasaba al payaso Inquieto.
        
         Después de hacerle algunas pruebas, el médico descubrió que había detrás de tanto cambio de humor: ¡El payaso Inquieto era bipolar!
        
         — ¿Que podemos hacer?- preguntó Clamir con esperanza —. ¿Se puede curar y ser un payaso como los demás?
— El siempre será así- respondió el médico—. No lo puedes cambiar, ni reparar. Tienes que quererlo igual que a los demás.

         Cuando los artistas del circo se enteraron de que el payaso Inquieto era bipolar, se asustaron muchísimo:
— ¿Qué significa ser bipolar?
— ¡Qué palabra más rara!
—  ¿Es contagioso?
— ¿Quizás peligroso?
        
Clamir intentó explicarles que no había nada de qué preocuparse:
—Ser bipolar significa que a veces tienes sentimientos que no puedes controlar: A veces puedes estar muy contento y reírte todo el rato, aunque te cuenten un chiste muy malo;  pero otras veces puedes estar muy triste, y tener muchas ganas de llorar. Ni la broma más divertida te puede alegrar. No es contagioso, tampoco peligroso. Desde hoy nuestro pequeño payaso  tomará todos los días una medicina, hablará con nosotros de sus sentimientos, siempre que se sienta muy inquieto. Eso lo ayudará, a partir de ahora todo irá genial.

          Aun así los artistas del circo tenían miedo del pobre payaso. Le dieron de lado y ya no querían que saliera al escenario.

        Eso ponía muy triste al payaso Inquieto. Cuando esto sucedía iba a ver a Clamir y durante horas hablaban, ya había aprendido que decir en  voz alta: Me siento mal, estoy enfadado o estoy muy nervioso, era algo muy bueno; porque le hacía sentirse mejor al momento.

         El payaso Inquieto echaba de menos a sus compañeros del circo, quería que todos volvieran a ser buenos amigos.

Una noche durante una actuación, un trapecista se cayó. El payaso Inquieto que lo había visto caer, entro en la carpa corriendo y lo ayudó. Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de que su amigo seguía siendo el mismo.
— ¡No importa si el payaso Inquieto es bipolar!— exclamó uno de sus amigos—. Sigue siendo el mismo: bondadoso, divertido y siempre dispuesto a ayudar.
 
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Desde ese día, el payaso Inquieto volvió a salir a actuar, haciendo bromas sin parar. El circo viajó por el mundo entero y, muchos niños y niñas conocieron a este payaso tan diferente a los demás. Pero eso siempre dio igual; porque todos somos diferentes, de una manera maravillosa y muy especial.

FIN.

Rocío Cumplido González
(c) 2016



1 comentarios:

Elizabeth Segoviano dijo...

wow! que difícil, almenos para mi es tratar de explicar eso de ser bipolar, y sin embargo aquí tu lo has hecho con una sencillez y una ternura tan frescas que me has dejado con la boca abierta! y eso solo lo logra una gran escritora y tu si que lo eres!!! me quito el sombrero! xoxo Eliz

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