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sábado, 10 de diciembre de 2016

La Sonrisa de Gaspar

¡Corre! ¡Corre! Metete en la cama y prepárate para dormir, que los reyes magos están a punto de venir. ¡Que sí, que sí, que te aseguro que los puedo oír!

Sin embargo, antes de que cierres  los ojos y caigas en un mundo de  sueños y  fantasías, vas a escuchar una historia de Navidad. Esta historia está escrita en las estrellas y sólo los que creen en la magia pueden leerla. Ahora abre el corazón y empieza a jugar con tu imaginación, que esta historia empieza en tres… dos… uno… ¡Acción!


Erase una vez, a las afueras de Belén, tres reyes de Oriente que se marchaban después de haber visitado al niño del pesebre. En ese momento la estrella que los había estado guiando bajo de los cielos. ¡Era la estrella de Navidad!
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—Para recompensaros por todas las dificultades que habéis pasado, voy a concederos un regalo. — dijo la estrella tintineando.

Al rey Melchor, la estrella le regaló el poder de mover objetos. Ahora podía hacer volar hasta un camello y moverlo en el aire sin esfuerzo.

Al rey Baltasar, la estrella le regaló el poder de congelar el tiempo. Ya no tendrían que ir a todas partes deprisa y corriendo.

Pero fue al rey Gaspar al que la estrella concedió el poder más singular. El rey mago de barba marrón no podría hacer cosas como volar o tener súper velocidad. —Tendrás un don muy especial Gaspar—confirmó la estrella—. Podrás alegrar el corazón de una persona entristecida, con el poder de tu amable sonrisa.

Desde entonces los tres reyes de Oriente se dedican a recorrer cada continente; repartiendo regalos llenos de ilusión, amor y esperanza. Llevando una pizquita de alegría a cada casa.

Cada vez que llega la noche del cinco de Enero; el rey Baltasar congela el tiempo, para no despertar a los niños que ya están teniendo dulces sueños. Justo después, con un simple chasquido de dedos, el rey Melchor saca los regalos de las alforjas. Les ordena que vayan volando y se pongan al lado de los zapatos. — ¡Pero tened mucho cuidado!— les advierte el buen mago—. ¡No vayáis a caeros y  a pisar la cola del perro!
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El rey Gaspar ayudaba si se lo pedían; pero no hacía mucho más. — ¿Qué puedo hacer yo para ayudar? Mi poder no tiene nada de especial. —pensaba el rey mago, cuando era más joven y menos sabio.

En uno de sus viajes alrededor el mundo, los reyes magos visitaron Laponia y se pasaron a saludar a San Nicolás (o Papa Noel si es así como le quieres llamar).

— ¿Cómo  puedo ayudar con mi don?— preguntó Gaspar al bueno de San Nicolás.
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— Simplemente sonríe sin parar, verás cómo llevas felicidad a algún corazón triste en Navidad—. ¡No puedo ir por la calle sonriendo como un viejo loco!—se quejó el rey mago—. ¡Los niños se asustarán y me meterán en el manicomio!

A principios de un mes Enero, los reyes magos llegaron a un pequeño pueblo. Tenían que comprobar la lista antes del gran día. Asegurarse de quien había sido bueno y quien había sido algo travieso.

Al cruzar una calle llena de tiendas algo llamó la atención  de Gaspar. En una pastelería un niño tenía la nariz pegada al cristal.  El pequeño miraba fijamente un delicioso roscón de reyes.

— ¡Mamá mira, ese es el favorito de papá! —grita ilusionado el chico. La madre mira el precio y cuenta el dinero que le queda en el  monedero. —Lo siento hijo — responde la madre—. Ahora no podemos permitirnos un capricho.

Gaspar conmovido, les cuenta a sus amigos lo que ha visto. Juntos como el gran equipo que son piensan en una solución. Al final se les ocurre una idea genial y de paso, conseguirán que Gaspar pueda utilizar su poder para ayudar a los demás.
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Unos días después, los magos de Oriente crearon la primera cabalgata de reyes. Todas las personas se podían acercar y contemplar a los magos de la Navidad. Los niños llenaban sus bolsas de caramelos, mientras los adultos miraban a Gaspar que sonreía contento. Los corazones de esos padres se llenaron de felicidad, porque a pesar de las dificultades sus hijos habían tenido una noche mágica y especial.


Y ahora te toca a ti cerrar los ojos y dormir, porque los reyes magos ya están aquí. Baltasar congelará el tiempo. Melchor hará volar tus regalos por la habitación y  Gaspar sonreirá, para que todos tengáis una Feliz Navidad. 

¡FIN!

Rocío Cumplido González

Tambien puedes leerlo en el número 119 Revista Bulevar


1 comentarios:

Elizabeth Segoviano dijo...

Rocío, que cuento tan tierno, tan sensible y hermoso, como tu, lleno de magia y nos contagias a todos! de verdad muy hermoso!

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